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La Casa del Buen Samaritano, un refugio social en Mérida

La búsqueda del lazo social de la arquitectura es pertinente y casi de carácter universal, la conciliación entre espacio / persona es parte de una transformación en la cotidianidad de los sitios donde se implementa, como en el caso de la ‘Casa del Buen Samaritano’ en Mérida, Yucatán, México.

Los integrantes del despacho Lavalle/Peniche Arquitectos fueron muy conscientes de la importancia del rol de la arquitectura en la ciudad de Mérida al enfrentarse con la realidad de un esquema social que no ofrecía alternativas para los mayores en situación de calle. Con el proyecto ‘La Casa del Buen Samaritano’ los arquitectos apuestan por un cambio no solo en la vida de los adultos que asistan a la residencia, sino en el grupo social que acoge sitios como este, en la ciudad completa de Mérida.

La ciudad de Mérida se caracteriza por ser una capital cosmopolita del sureste de México. Es una ciudad que combina la modernidad con la riqueza cultural que los mayas y españoles dejaron como herencia a los pobladores yucatecos. No obstante tiene un lado menos conocido, donde encontramos que existe un nivel elevado de pobreza, gente sin hogar y sin algo que comer, muchos ni siquiera tienen comida, vestimenta, lugar donde asearse o donde dormir.

Dentro de este grupo de personas desafortunadas y excluidas, podemos identificar a un grupo al que se le ha negado aún más cualquier tipo de apoyo, el adulto mayor. Lo anterior es lo que dio lugar a esta idea, la idea de poner de nuestra parte, un granito de arena que pueda marcar una diferencia, que tal vez no sea suficiente, pero podría servir para que algunos yucatecos necesitados tengan un lugar para comer, asearse y dormir, lo mínimo que debería tener todo ser humano.

“La casa del buen samaritano” es más que un refugio al que pueden acudir cuando lo necesiten, es un proyecto integral que cuenta, primero, con la identificación de los puntos de la ciudad donde se encuentra la gente más afectada, para poder acercarse a ellos y extenderles una mano amiga.

Esto se logra gracias a una camioneta que ha donado el gobierno municipal del Ayuntamiento de Mérida, la cual todos los días a las 21:30 horas, recorre una ruta ya diseñada en busca de aquellos que deseen, esa noche, acudir a este refugio, a este oasis que les ofrece no solo un techo, sino también un lugar para asearse y una cena digna. En las mañanas, se les ofrece desayuno y transporte hacia donde fueron recogidos la noche anterior, para que puedan continuar con su día, y si lo desean, regresar en la noche para disfrutar de nuevo las bondades que este proyecto ofrece.

El lugar donde se construyó “La casa del buen samaritano”, fue donado por la institución “Cottolengo de Yucatán A.C.”. El objetivo del proyecto siempre fue muy claro, trabajar conjuntamente para la creación de un refugio que contara con los servicios necesarios para alojar y alimentar a la gente más necesitada.

El reto principal del proyecto era que la construcción tenía que ser diseñada buscando maximizar en todo momento la economía y eficiencia, ya que el costo de la misma llegaría a base de donaciones de diversos grupos, como el gobierno, la iglesia, las asociaciones civiles y la iniciativa privada.

Otro gran reto en el proyecto fue diseñarlo de tal forma que fuera posible la construcción, o al menos gran parte de ella, por las mismas personas sin hogar que posteriormente harían uso de ella, así como las personas que se encontraban en el centro de rehabilitación Cottolengo.

Tomando en cuenta todas las necesidades del proyecto, se decidió por un esquema clásico de patio central, con la finalidad de que todos los espacios converjan en él y de esa forma crear un gran espacio abierto donde los residentes pudieran convivir, conversar, interactuar entre ellos como parte de los esfuerzos de reintegración social.

Los dormitorios fueron situados en los lados norte y oriente, ya que así gozan de mejor iluminación y ventilación. Los servicios como baños, comedor, enfermería y lavandería fueron situados hacia el sur y poniente. El sitio contaba con dos hermosos y viejos árboles, los cuales fueron perfectamente conservados e integrados al diseño, uno de ellos situados en el acceso y el otro en el patio central.

Como método de construcción se utilizó lo más común en la zona, un sistema hecho a base de muros de block de concreto, losas de vigueta y bovedilla. Todo el proyecto se concibió en base a un módulo claramente identificado, que parte del block de concreto, que viene acompañado de castillos armados, cerramiento y una ventana en sentido vertical. De esta manera se logró eficientar los tiempos de la obra y abaratar sus costos.

Debido a que la obra era de bajo costo y se realizó con donaciones, sus acabados no fueron la excepción, se utilizó todo lo que se tuvo en mano, tanto material existente como las donaciones que iban llegando conforme avanzaba la obra, cemento, block, pisos cerámicos de diferentes grabados, pintura blanca, pisos estampados, etc. Todo lo cual ha ayudado a que el proyecto tenga un aire sumamente especial y una belleza única.
Este proyecto se creó con las invaluables aportaciones de todos aquellos que creyeron en él, desde un material específico, hasta tiempo y esfuerzo para ayudar a su construcción, y cobrará vida con los seres humanos que encontrarán en él un templo, en el cual, al menos por unas horas, no tendrán que preocuparse por donde dormirán o como conseguirán algo para comer.

Originalmente el proyecto se pensó y planeó para 20 personas, número de personas que fue considerado el ideal para poder comenzar, para poder brindarles una buena atención y poder ofrecerles todo lo que merecen, todo lo que necesitan.

Hoy en día llegan a haber hasta 28 personas una misma noche, muchos otros se quedan en lista de espera, lo cual ha demostrado el éxito de este proyecto que, sin duda, se encuentra tan solo en su primera fase, con mucho por avanzar, muchas personas más por ayudar.

Depende de los yucatecos sanar los problemas que su sociedad presenta, ayudar a esta gente que tanto lo necesita en lugar de ignorarlos o hacerlos a un lado, son seres humanos que merecen, al menos, un lugar para asearse, comer y dormir. Ahora ese lugar existe y se conoce como “La casa del buen samaritano”.

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